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Festipulenta vol. 23: Historias encontradas y sorpresas en un carnaval de tres noches maratónicas

Festipulenta // Foto: Lita Pascual

Festipulenta // Foto: Lita Pascual

Fin de semana largo de carnaval. Una ciudad cercada por distintos corsos barriales y un verano que sigue ofreciendo historias en cada esquina. La música catártica y la ferviente poesía fueron el faro que guió a las huestes de la escena under y el camino que iluminó las condujo hasta el Centro Cultural Matienzo. Allí se realizó del sábado 14 al lunes 16 de febrero el volumen 23 del Festipulenta, festival que con su filosofía independiente se convirtió en una marca de la “no marca” y que en cada edición cuenta con una propuesta artística rica en cantidad, variedad y calidad. Una cita obligada para aquellos que buscan emociones agitadas y nuevas maneras de alimentar el espíritu.

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Noche 1

Todo empezó unos minutos antes de las 21, con El Mar Menor tocando su guitarra acústica en el patio del Matienzo para darle la bienvenida a los primeros que se acercaron al lugar. El set acústico  -que fue gratuito y abierto para todo el público- dio paso a la apertura de la sala y la primera banda en tocar en el festival fue Las Edades, quinteto en el que predominan las melodías pop románticas y los diferentes matices que aportan sus guitarras. Luego le tocó subirse al escenario a Los Subterráneos, la última joya de La Plata, que brindó un recital en el que las canciones formaron un paisaje sonoro de agridulce melancolía.

Maxi Prietto se encargó de cambiar el clima con un show íntimo y cálido. Guitarra acústica, contrabajo, teclados y batería acompañaron la voz desgarrada de Prietto, que cautivó a los presentes con su fina sensibilidad para ejecutar boleros y hasta un tango, “El Día Que Me Quieras”, de Carlos Gardel. Un rayo misterioso pasó por el Matienzo y se ganó el aplauso de todos.

Maxi Prietto // Foto: Lita Pascual

Maxi Prietto // Foto: Lita Pascual

Siguió Olfa Meocorde, grupo que le aportó diversión plena al festival con su esquizofrenia musical y que pasó por varios momentos sonoros gracias a una superposición de géneros (desde el death metal hasta el postpunk) y un vértigo irreverente. A continuación se presentó Poseidótica, cuarteto de larga trayectoria que debutó en el Festipulenta y generó gran expectativa entre la gente, que a esa altura de la noche ya había colmado la sala. Temas instrumentales de virtuosismo denso e intrincado lograron la tensión musical justa para que el público se eleve y entre en estado de hipnosis. Presentaron dos temas nuevos, “Holograma” y “Dinastía Nocturna” y se despidieron con la potente “Dimensión Vulcano”.

Mientras tanto, en el primer piso del Matienzo estaba la feria de discos y libros ya clásica del festival, además del Ciclo Living de la editorial Nulú Bonsai, en el que se recitó poesía.

Shaman y Los Pilares de la Creación fueron los encargados de cerrar esta primera noche, con canciones que parecieron no parar de crecer y un cantante que abrió su pecho y dejó el alma en cada interpretación. Bellísimo final para una fecha que se extendió más allá de las 4 de la madrugada.

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Noche 2

Antolín tomó su guitarra y dio comienzo a la segunda jornada del Festipuenta en el patio del Matienzo. Ante un público que se acercó desde temprano al lugar, el cantautor expuso su alma con canciones dulces (“soy rudo pero estoy lleno de azúcar” se confesó en “Scoutismo Para Muchachos”) y encantadora languidez. Todos disfrutaron del momento.

En la sala el dúo de chicas Panorámica ofreció un show de experimentación y desenfado musical, en el que el juego de ir y venir entre un estado de fragilidad y otro de rabia y dureza resultó ser un gran atractivo. Armónica, xilófono y un teclado tocado con la punta de los pies fueron detalles que le otorgaron personalidad a canciones que por momentos recordaron aquel ímpetu rockero de una joven PJ Harvey.

Los Sub // Foto: Lita Pascual

Los Sub // Foto: Lita Pascual

La sala se llenó rápidamente para poder ver a los uruguayos de Carmen Sandiego, banda de canciones pop y tragicomedia adolescente. La premisa de su concierto fue el desparpajo de sus integrantes, que no pararon de bromear entre tema y tema, y las melodías creadoras de cuentos suburbanos. Para las últimas canciones el público se soltó, entró en calor con saltos desparejos y no paró de cantar.

Una batería indomable de ritmos acelerados, guitarras fuertes y un nervio sónico caracterizaron a la presentación de Los Sub, banda que cuenta con un arsenal de estribillos pegadizos y músicos con mucha sensibilidad para la canción pop. En temas como “Todo lo que quiero en este momento, oh” y “Confía” su cantante y guitarrista, José Segundo, mostró todo su talento al frente de una banda honesta que siempre va para adelante. Por otro lado, en el primer piso del Matienzo siguió el ciclo de poesía y en esta fecha le tocó a Teachers, con Alejandro Berón y Margarita Roncarolo como sus grandes exponentes a la hora de recitar poemas.

Adrián Paoletti y su banda Los Impares fue lo que siguió. Para algunos un momentos nostálgico, para otros una clase de cómo estar vigente en el rock independiente y no perder nunca la elegancia arriba del escenario. Canciones clásicas como “Perfil”, “Aprender Es Robar” y “Percance” fueron la delicia para aquellos seguidores fieles que no pararon de vitorearlo y pedirle temas a los gritos. Un verdadero gentleman que no disimuló su alegría de estar arriba del escenario pulenta.

Fracisco Bochatón // Foto: Lita Pascual

Francisco Bochatón // Foto: Lita Pascual

La vieja guardia siguió con Francisco Bochatón, quien se hizo presente ante un Matienzo explotado de gente y brindó quizás el momento más alto de todo el festival. Empezó con “No Volverás”, una hermosa balada de su disco Tic Tac, y luego le siguió una catarata de cartas ganadoras como “Tu Voz Se Va” –con un fragmento de “Inundados” de Os Paralamas do Sucesso-, “Nazareno”, “Libera” -fino trabajo de Matías Mango en teclados- y “Mundo De Acción”; la mayoría cantadas por un Francisco que se sonreía al ver el público saltar y delirar de felicidad. Dijo “la lista está buena”, y tuvo razón. Luego se dio un momento mágico cuando la gente comenzó cantando sola “22:33” y al final se le unió Bochatón. “La Vuelta Entera”, “Feliz Cumpleaños” y “Maratón De Torturas” cerraron a puro salto y fiesta un concierto que fue el mejor regalo que otorgó el Festipulenta.

Y si se trata de fiesta, los 107 Faunos tienen que estar presentes. La banda de los hermanos Sisti Ripoll se despachó con casi treinta himnos de espíritu indie y euforia juvenil. “La Plata”, “Los Amigos Del Mal”, “El Camino” y “Cosas Caras Rotas” prendieron la mecha para que la bomba explote y deje a todos volando en una nube de alegría multicolor. La andanada de canciones luminosas continuó, entre ellas “Pretemporada” y “Muchacho Lobo”, y la celebración se hizo masiva. Otra noche de emociones pulentas, y todavía quedaba una fecha más.  

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Noche 3

Con su folk retorcido interpretado detrás de un biombo (hecho con papeles que colgaron de una soga en el patio del Matienzo), El Toro Salvaje dio paso al comienzo del fin. En la sala, Surfing Maradonas, el dúo de los hermanos Fernández, se puso rabioso y disparó sin contemplaciones su ametralladora de rock podrido y cavernoso. Una banda de sonido post-grunge y garaje rock para una película de ciencia ficción porno -Sasha Grey arriba de ellos era contemplada como la Virgen María- fue su propuesta. Un buen uso del aire y los espacios en las canciones y una intensidad extrema para ejecutar sus instrumentos, propia de la juventud que revelan sus rostros, hace que no sea necesaria otra cosa que ponerse a escucharlos y temerles un poco, porque van por todo.

The Hojas Secas // Foto: Lita Pascual

The Hojas Secas // Foto: Lita Pascual

The Hojas Secas, con su rock directo y sin rodeos, invita a la canción coreada en cada uno de sus estribillos. Su show fue enérgico pero sin pirotecnia musical, la justeza de los temas prescindieron de pose rockera para transmitir una emoción primaria, que traspasó el pecho de los presentes. El cantante Lucas Jaubet agarró su botella de agua y la revoleó mojando al público y también -bastante- el escenario, para después humildemente secar el piso antes del show de Los Rusos Hijos De Puta (de nuevo, cero pose).

Después vino el bardo con Los Rusos Hijos De Puta y El Perrodiablo. Los Rusos son incendiarios y desbordan sexo en cada gesto, en cada nota. Sus canciones levantaron y extasiaron a la gente; mucho sudor y energía formaron un vórtice de pogo masivo que se entregó al caos pop que la banda siempre busca en sus recitales. Punk y cierta estética trash son los principales elementos de su carisma; una patada en la cara y mucha diversión es lo que siempre garantizan. “¡No saben lo lindo que es tocar!”, gritó Luludot, su cantante, expresión que resumió perfectamente el sentimiento que transmitió la banda en todo momento. El Perrodiablo siguió con la idea de rock anárquico, en un manifiesto amenazante que te canta en la cara todas sus verdades, literalmente. Doma baja del escenario y se une a la gente para ser el anfitrión de la fiesta, su intensidad arrasa con todo y no para un instante. Con un rock que parece formado en la escuela garaje de Detroit, El Perrodiablo tocó “Algo Sobre Estar Vivo”, un cachetazo a puro riff que sacudió y electrificó a todos los presentes. La combustión provocada por la banda quemó el escenario pulenta, convirtiendo al Matienzo en un infierno en el que el diablo nos miró directo a los ojos a través de sus cinco bestias favoritas.

Los Rusos Hijos de Puta // Foto: Lita Pascual

Los Rusos Hijos de Puta // Foto: Lita Pascual

Mientras, en el piso de arriba el ciclo de poesía continuó con Poetas en Log-In, una experiencia particular, dado que se realizó vía streaming. En la sala, la música continuó: Los Reyes Del Falsete tomaron la posta de la banda de Doma y dieron un show muy rockero y vertiginoso. Empezaron de menor a mayor con una introducción instrumental y luego su hit “Mi Chica”, para pasar al pogo revoltoso y la arenga rockera de “La Búsqueda De La Búsqueda”, con Santiago Amor de invitado, líder de DChampions,  autor del tema y rey desterrado. Hermoso momento de esta edición del Festipulenta.

La banda sorpresa anunciada por el festival resultó ser Fútbol, trío progresivo y experimental con mucho espíritu punk que se había bajado de la primera fecha semanas atrás. Su concierto estuvo dominado por el frenesí de la guitarra y el violín, que serpentearon el aire del Matienzo como un río revuelto que no paró de crecer. La gente agitó desde la primera nota y el mosh rebotó una y otra vez casi como un espectáculo circense.

El Perrodiablo // Foto: Lita Pascual

El Perrodiablo // Foto: Lita Pascual

El cierre del Festipulenta quedó en manos de Sr. Tomate, a esta altura ya todo un mito platense. La fiesta fue incesante y las canciones bien arriba no le dieron descanso al público, que formó una ronda de cuerpos rebotados en casi todos los temas. Un verdadero carnaval -con espuma y todo cuando alguien decidió apretar el pomo- se armó en la sala pulenta. Temas como “Mente Peligrosa” y “La Pared” golpearon una y otra vez el techo del Matienzo y la danza festiva de cuerpos abrazados coronó una noche majestuosa y un festival maratónico en el que las historias se entrecruzaron y los encuentros no dejaron de sorprender.

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Texto: Nicolás Álvarez
Fotos: Lita Pascual

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