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Juana Molina en Ciudad Cultural Konex: Las voces de mundos infinitos

“Un día voy a ser otra distinta, voy a hacer cosas que no hice jamás / No va a importarme lo que otros me digan ni va a importarme si resultará”. Ese día llegó hace mucho tiempo, sólo que Juana sigue siendo la misma, esa rara, distinta a todos y a todo, que canta canciones sin letra y habla de música, su gran pasión. Y vaya que sí resultó: un patio del Konex colmado la aclamó y quiso verla bailar y bailar.

Juana Molina // Foto: Lita Pascual

Juana Molina // Foto: Lita Pascual

El sábado pasado Juana Molina tocó en Ciudad Cultural Konex por segunda vez en lo que va de este verano y volvió a demostrar por qué es una de las artistas locales más reconocidas mundialmente; su música es capaz de viajar a lugares insospechados y crear mundos que sólo en sueños se pueden habitar. Antes de las 21 comenzó su concierto, amenazado por una lluvia que nunca apareció, con “Wed 21”, canción que le da nombre a su celebrado último disco, y continuó con “Eras”, dibujando cómplices sonrisas con Odín Schwartz, encargado de las guitarras y los teclados,  y “Lo Decidí Yo”, un mantra en el que Juana se pregunta y se contesta a sí misma, como si sus múltiples personalidades cobrasen vida a través de sus diferentes voces.

Siguió con “Desordenado” y “Un Día”, para que el público entrase en calor y se suelte al baile hipnótico comandado por los golpes de batería de Diego López de Aracaute, a los que Juana imitaba con movimientos juguetones que la sumergían en los sonidos. Se le pegó la etérea introducción de “Vive Solo”, una tierna canción de ancestral hechicería, y luego “Lo Dejamos”, para que las luces bajen y la suave melodía alcance a la gente, como la espuma marina que hace contacto con la arena.

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Foto: Lita Pascual

Como una Judy Garland en El Mago de Oz, Juana lució un vestido que pareció danzar con el viento todo el tiempo, marcó un mágico camino de pura libertad artística con canciones como “Ay, No Se Ofendan” -se animó a tocar el platillo y Odín Schwartz se destacó en los coros- y “Ferocísimo”, para que una vez más Diego López de Aracaute demuestre su versatilidad a la hora de ejecutar distintas texturas rítmicas. Juana cuenta con dos jóvenes músicos muy talentosos, dos alas que elevan su música en cada nota.

Después de bromear con la gente, que no paró de manifestarle su cariño, Juana aumentó el baile con “Bicho Auto” y “Sin Guía, No”, dos temas de frondosas capas de loops que hicieron que todos entren en trance y no paren de mover los pies. Los tres se bajaron del escenario, pero el show seguiría. Juana volvió sola y tocó “Días De Esos”, canción del mítico grupo uruguayo Totem, para lograr un momento de desnuda melancolía y bellísima simpleza.

Siguió “¿Quién? (Suite)” y Juana demostró sus destrezas con la Gibson creando riffs loopeados laberínticamente, y a través de su voz distorsionada, que simuló a la turbina de un avión, alcanzó el vuelo supersónico. Sus dos camaradas volvieron al escenario y cerraron con “Dar (Qué Difícil)”, un ritmo de paso acelerado en el que Juana no paró de moverse, como una niña que se deja llevar por su imaginación infinita.

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Texto: Nicolás Álvarez
Fotos: Lita Pascual
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