Live!

Maravillosa música miserable

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La noche del 12 de mayo de 2015, me acerqué al Teatro Vorterix para ver, por primera vez, al señor Steven Wilson. Aquél que con su anterior banda –Porcupine Tree– sacudió la escena del Metal progresivo. En esa oportunidad (que fue su tercera visita al país) llegué alrededor de las 21:00 hs. y, vaya uno a saber por qué, el británico ya se había despachado con algunas canciones, por lo cual, me perdí casi media hora de show. Eso me dejó una sensación agridulce. Por suerte la vida casi siempre te da revancha; y ésta no tardaría mucho en llegar: en menos de un año lo tuvimos nuevamente en Buenos Aires. Para que no me suceda lo mismo, llegué a Palermo 20:30, por si las dudas. Muchísima gente se acercó a Groove para ver al inglés, que vino con un EP nuevo bajo el brazo “4 ½“, integrado por canciones que sobraron de su anterior trabajo y algunas reversiones. Alrededor de las 20:50 comenzó a rodar un vídeo a modo de intro, y diez minutos después aparecieron los músicos en escena. El primer set estaría compuesto por “Hand. Cannot. Erase” completo y en orden, por lo tanto, la primera canción fue el preludio “First Regret” y en seguida se pegó “3 Year Older”. Con un sonido impecable desde el comienzo -algo no muy habitual en Groove-, Steven empezaba a dar indicios de que sería una jornada memorable.

Afortunadamente su garganta se encontraba en buen estado. Recordemos que hacía unas semanas se había quedado sin voz mientas se presentaba en New York, y se vio forzado a suspender el siguiente show en Chicago, antes de partir hacía Sudamerica. La performance vocal no mostraba ningún achaque y todo se desarrollaba con total normalidad, que en el mundo de Steven Wilson se asemeja bastante a la perfección. Pasaba entonces, la canción que da nombre a su última placa y después “Perfect Life”. Como frontman, estuvo bastante hablador: prometió “una maravillosa noche de música miserable”.“Si ustedes están acá, es porque aprecian las melancolía de la música. Siempre me gustó la música miserable, era la que me hacía feliz cuando era chico. Después oía música alegre en la radio y me deprimía”, se confesaba Steven.

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Uno a uno se iban sucediendo los temas de “Hand. Cannot. Erase” y brillaban aún más que en el disco. Hay que remarcar la espectacular versión en vivo de “Ancestral”, con toda la emoción y sensibilidad de los primeros minutos hasta el desenlace más violento y pesado del final. Steven se rodea de gente que está a su mismo nivel musical y esto se aprecia en cada nota ejecutada. Los responsables son: David Kilminster (guitarra), Nick Beggs (bajo), Adam Holzman (teclados) y Craig Blundell (batería). Todos interpretes con un currículum pesado y mucho talento, algo que contrasta con sus bajos perfiles. Wilson se tomó unos minutos para presentarlos, cuando llegó el momento del tecladista, bromeó acerca de su lugar de origen: “Adam es de los Estados Unidos de América, eso generalmente provoca abucheos, ¿a ustedes le gusta Estados Unidos? -reprobación general por parte del público- “A nadie le gusta EE. UU. Ni siquiera a los norteamericanos les gusta desde que apareció Donald Trump”, decía Wilson, justo la misma noche en que Barack Obama pisaba suelo argentino. Sumado a los artistas en escena, estaba la voz de Ninet Tayeb, reproducida desde una pista grabada y, por supuesto, el hombre que le presta su nombre y apellido a la agrupación, en guitarra, teclado y voz. “Happy Returns” y “Ascedants Here On” concluían de manera magistral la primera parte del recital. Los músicos abandonaron el escenario durante aproximadamente 20 minutos. El sistema de ventilación se apagó un momento, justo en el intervalo, provocando los aplausos de los que estaban más atrás y sufrían el ruido que éste ocasionaba.

La vuelta del parate fue con “Drag Ropes”, extraído de aquél proyecto entre Wilson y Mikael Åkerfeldt de Opeth, bautizado como Storm Corrosion. La oscuridad del tema y el vídeo, reproducido en la pantalla gigante, generaban un clima lúgubre en el lugar. Esta sensación se disipó de inmediato con “Open Car” -primer tema que sonó de Porcupine Tree-, muy festejado por los seguidores. Si bien los músicos que lo ejecutan son otros diferentes a los del inactivo grupo, la calidad es la misma.

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“My Book of Regrets” repasó su último EP e “Index”, fue la única representante de “Grace For Drowning”. “Lazarus”, dedicada a David Bowie, fue otro pico emotivo del show, pero en breve habría más dedicatorias. Siguieron “Don’t Hate Me”, también de Porcupine Tree, reversionada en el último EP, y el instrumental “Vermillioncore” del mismo trabajo. Una especie de tul sobre el cual se proyectan imágenes, separaba al público de la banda y aportaba una buena puesta en escena en cuanto a lo visual. “Sleep Togheter”, una vez más, rememora al gran conjunto del cual procede el británico y enciende las gargantas de los fans más acérrimos. Otro intervalo y todavía faltaban los bises finales. Como ya había hecho antes de “Lazarus”, Steven habla de los músicos que repiten una fórmula en la cual basan su éxito -cita a Slayer como ejemplo- y dice que él celebra a aquellos artistas que se arriesgan a hacer algo diferente. Uno de ésos fue David Bowie, quien falleció este año y fue destinatario de múltiples homenajes. Mientras en la pantalla de fondo se veía una foto del ícono rock/pop, Wilson rasgaba su guitarra electroacústica e interpretaba “Space Oditty”. Un tributo sincero para uno de esos artistas que dejaron una marca que difícilmente se borre. Chequeo mi reloj y ya duplicamos la duración de un show estándar, pero claro, éste no era un  show más. “Generalmente no me gustan las canciones pegadizas. Cuando compongo algo ganchero vuelvo al estudio y hago algo estúpidamente complejo, destruyendo muchas de las canciones comerciales que hay en mi cabeza, pero ésta es una excepción, así que les voy a pedir que la canten conmigo”, de esta manera presentó “The Sound of Muzak”, clásico de PT. El cierre del show fue con un tema que Wilson definió como “la mejor canción que haya escrito”, refiriéndose a “The Raven that Refused to Sing”, del disco homónimo.

Creo que podemos debatir horas sobre cuál es el mejor tema compuesto por Steven Wilson, lo que no está en discusión es la calidad de este artista. El legado del rock progresivo está en buenas manos, de eso podemos estar seguros. Durante más de tres horas los que estuvimos allí presentes nos sentimos un poco más miserables, o sea, fuimos felices.

 

Texto: Tony Esmoris
Fotos: Jacqueline Orion

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